Evaluación. Rúbricas y portafolio.

No por ser muy utilizada, la frase, “para evaluar las competencias tienes que utilizar una metodología que las desarrolle”, es menos cierta.

Recíprocamente, la valoración y evaluación que un Centro educativo, y por ende, sus profesores, hacen de las competencias de sus alumnos, es un excelente indicador del tipo de enseñanza que en el se imparte.

Son muchos los profesores que realizan actividades que generan en el alumnado las habilidades propias que definen las competencias, y que no encuentran el modo de plasmar la excelencia de su trabajo, y otros que valoran dicha actividad de forma subjetiva o al menos intuitiva.

Una de las cualidades de la actividad formativa es la generación de materiales y modos de actuación en el más amplio sentido que a un buen profesional no pasan desapercibidos, hasta el punto de saber ver y saber encuadrar las situaciones problemáticas, como oportunidades para la adquisición de buenos hábitos por parte de sus alumnos.

Sin embargo, esas variables solemos considerarlas propias de nuestro oficio, no apreciando que en justicia, nuestros alumnos merecen que se les valore o confiando en que con posterioridad lo haremos en ese apartado de valoración que solemos llamar “observación directa”, que en el mejor de los casos depende de consideraciones poco establecidas.

No queda muy lejos de estos planteamientos valorar los rendimientos de los alumnos estableciendo reglas que de antemano puedan arbitrarse y que sirvan tanto para el profesor como tabla de recurrencia con la que no perder el norte en las valoraciones, como para el alumno que sabe a qué atenerse cuando quiere realizar un trabajo bien hecho.

Por ejemplo, ¿que ve un profesor cuando valora un cuaderno?

El cuaderno de un alumno es parte de su portafolios o conjunto de materiales que elabora y pone a disposición del profesor para que se le valore. Los que lo hacemos habitualmente sabemos que no solo miramos la elaboración más o menos correcta de un trabajo, también el orden, que se manifiesta tanto en su estructuración como en su consistencia temporal, la presentación, factores propios de la competencia lingüística como la ortografía y la corrección gramatical, la constancia en la autocorrección, etc, …

Tener todo esto en cuenta de forma seria, solo se puede hacer utilizando un método, que nos proporciona una tabla de valoración o rúbrica como la siguiente:

rúbricacuaderno

Pica en la imagen para bajarte la rúbrica en word.

Usar esta tabla es comenzar a andar. Seguro que en poco tiempo estamos modificándola y personalizándola al estilo de enseñanza-aprendizaje que queremos para nuestros alumnos.

Después vendrá hacer una para valorar la actitud del alumnado, después otra que nos permita valorar  las presentaciones que hagan en la pizarra digital, o su actividad en el aula virtual,… y a ellos que les sirva para saber a qué atenerse.

Otro día hablaremos de cómo podemos poner la rúbrica a su disposición sin fotocopias.

Buena feria.

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